CUBA Y LA MASONERÍA
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Aniversario 156 de la Gran Logia de Cuba

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Aniversario 156 de la Gran Logia de Cuba

Mensaje por Admin el Dom Jun 05, 2016 1:36 pm

Santiago de Cuba, 5 de diciembre de 2015
“AÑO DEL ANIVERSARIO 120 DEL GRITO DE BAIRE”




Marcos A. Wong Fernández

VM Prudencia No. 2



MRGM de la GLC de AL y AM Lázaro Faustino Cuesta Valdés,
Grandes Funcionarios y Ex Grandes Funcionarios,
Diputados de Distritos, Venerables Maestros,
Autoridades Provinciales y de la Localidad,
Masones e invitados todos:





Nos convoca hoy, a los masones cubanos, una celebración doble: El Aniversario 100 de la Respetable Logia “Sol de América”, del Oriente de La Maya, y el 156 de la Gran Logia de Cuba de AL y AM, heredera esta de la Gran Logia de Colón, fundada en 5 de diciembre de 1859, en Santiago de Cuba.



Pensar en la intervención central sobre la fundación de una institución, nos lleva irremediablemente por derroteros históricos, mas nuestra intención primera es no atiborrar al auditorio con nombres, fechas y datos harto conocidos por la mayoría de los masones presentes. Aun así, mayor es la pretensión de honrar el hecho histórico, con el obligado recuento y algunos elementos de carácter reflexivo para los presentes. Y entre el temor de no aburrir pasando por trillados caminos para los hermanos mas ilustrados y la obligación de reverenciar nuestra historia evocándola, nos vemos en la delicada e inmerecida tarea de esta intervención conmemorativa por el Aniversario 156 de la Gran Logia de Cuba.



Desde que la Masonería Especulativa, que ya era conceptualmente moderna hacía varias décadas, viera coronado su momento fundacional con la creación de la Gran Logia de Inglaterra, el 24 de junio de 1717, hasta la llegada de esa fecha cumbre para la Masonería Cubana, que fue la fundación de la Gran Logia de Colón, habían transcurrido 142 años.



No obstante, los primeros indicios de esa actividad fraternal en Cuba, datan del año 1763, con motivo de la toma de La Habana por los ingleses un año antes. Estos se reunían masónicamente en la Logia Militar Irlandesa No. 218, según el registro de Irlanda, y cuya presencia duró lo que la intervención militar en la ciudad.



Entre los años 1794 y 1805, procedentes de Haití, masones que abandonaron “La Española” por cuestiones políticas o de otra índole, se radican, primero en Santiago de Cuba, y luego en el resto de la Isla, donde forman logias como “La Perseverance” y “La Concorde” en Santiago de Cuba y “La Amité” y “La Benefique Concorde” en La Habana, todas bajo la obediencia del Gran Oriente de Francia. Ya en La Habana, a principios del siglo XIX funciona el “Templo de Las Virtudes Teologales No. 103”, para muchos la primera logia fundada por cubanos con Carta Patente de fecha 17 de diciembre de 1804, otorgada por la Gran Logia de Pensilvania, que también auspició en esa ciudad a “La Recompensa de las Virtudes”, “Unión de Regla”, “La Fidelidad Habanera” y “Las Delicias de La Habana No. 157”; y en Santiago de Cuba a “La Benevolencia No. 175” y a “La Verdadera Filantropía”. También la Gran Logia de Carolina del Sur patrocinó a las Logias “Constancia No. 50” y “Amenidad”, todas en el período entre 1805 a 1822.



Algunas de estas logias fundaron el 21 de marzo de 1818, la “Gran Logia Española de Francmasones Aceptados del Rito Antiguo de York”, y cuatro años mas tarde, en 1822 niegan obediencia a ese Alto Cuerpo, constituyéndose en “Gran Oriente Territorial Español-Americano para la Isla de Cuba”, el cual con posterioridad se fusiona con la “Gran Logia Española de York”, y adoptan el nombre de “Gran Logia Española de Francmasones del Rito York en la Isla de Cuba”, también se le ha nombrado “Gran Logia Soberana de York”.



Trabajó este Alto Cuerpo con 66 talleres, y entre ellos estuvo representada en Santiago de Cuba por las Logias “Unión Cubana No. 28” (sobre la que haremos referencia mas adelante), “Templo de la Libertad No. 37” y “Concordia Constitucional No. 54”.



Surge entonces el dilema del año de ruptura de los trabajos de esas agrupaciones masónicas en Cuba. Algunos estudiosos sitúan la fecha entre 1828 y 1834, y otros incluso en 1838. Hoy podemos afirmar aquí, gracias al privilegio de contar la Logia “Prudencia No. 2”, con sus archivos fundacionales, que aparece en su Libro de Oro, Acta No. 1, de la primera sesión ordinaria del 15 de septiembre de 1857, en los folios 8 y 9, la primera intervención del recién instalado VM Francisco Griñán y Mozo de la Torre, con el apelativo de Cid, en la cual expresa, y cito: “Después de mas de seis lustros de acontecimientos harto conocidos de todos los masones esparcidos sobre la superficie de la Tierra, obligaron la suspensión de los trabajos masónicos en el Oriente de Cuba y cerraron todas las Logias y Capítulos que existían y se abatieron con muy profundo sentimiento las columnas de aquellos templos”, fin de la cita. Avala lo anterior, la nota de Ubieta en sus “Efemérides de la Revolución Cubana”, y cito: “que en 8 de marzo de 1826 fueron presos por (ser) masones en Santiago de Cuba Alonso Betancourt y un tal Cosío”, fin de la cita. Por tanto, podemos acortar el intervalo de ubicación de dicha fecha de ruptura a los años 1823 a 1826 y quizás solo hasta 1825.



Es más conocido todo lo acontecido, masónicamente hablando, en Cuba, a partir de 1857; a pesar de que, incluso historiadores, alegando con toda justeza falta casi completa de documentos probatorios, plantean como “imposible determinar”, por ejemplo, el origen de los masones que fundaron las dos Logias Decanas de la Masonería Regular en Cuba, o incluso, el hecho de que estuvieran auspiciadas por el “Gran Oriente Hespérico Reformado”, radicado en Sevilla, España.



Pues lo que antes eran dudas, hoy, se lo traemos como afirmaciones, con irrefutables pruebas documentales y hago nuevamente referencia al anteriormente mencionado libro, que en el folio 11 correspondiente al acta fundacional, el hno. Lot ( ) expresa, y cito: “Pláceme sobre manera haber sido yo uno de los primeros obreros que reorganizaron, …el augusto T.: “La Unión Cubana”, en donde recibí la luz, y que veo hoy convertido en dos brillantes L.L., elevadas a la virtud bajo la dependencia del GOHR…ejercí el cargo de H. Terrible de aquel T.: que introduje a la mayor parte de vosotros en el cuarto de reflexiones…tributemos al GADU las mas reverentes preces para la conservación y bienestar de nuestro GOHR, bajo cuyos auspicios tenemos la honra de instalarnos”, fin de la cita. También en el acta correspondiente al folio 40 del mismo volumen, aparece una intervención del hno. Cid donde, con motivo de un viaje a La Habana, pide se le expida un diploma que avale los cargos que ha ocupado en logia y donde aparezca una nota que certifique que fue recibido maestro masón el 15 de febrero de 1823 en la Logia “L´Humanité”, perteneciente al “Gran Oriente de Francia”.



Podemos afirmar, por tanto, que es una realidad histórica casi incuestionable, quizás salida a la luz por primera vez hoy parte de ella, el hecho de que luego de más de 30 años, el 14 de septiembre de 1857, resurge la masonería organizada en Cuba, con la fundación de la Logias de San Juan con el distintivo nombre de La Fraternidad No. 1 y La Prudencia No. 2, bajo la obediencia del “Gran Oriente Hespérico Reformado”, radicado en Sevilla, España y bajo la supervisión directa en la Isla del “Consejo de Caballeros Kadosch”, el que trazó las pautas generales para los reglamentos de ambas y designó a sus primeros VVMM, Félix Loperena Núñez (Enós), para la primera y Francisco Griñán y Mozo de la Torre(Cid), para la segunda; y cuyos miembros habían sido masones, que una gran parte de ellos perteneció a la Logia “Unión Cubana No. 28”, de Santiago de Cuba, auspiciada esta por la “Gran Logia Española de Francmasones del Rito York en la Isla de Cuba”, y al menos uno de ellos perteneció a la Logia “L´Humanité”, del “Gran Oriente de Francia”.



Se sabe que las dos logias habían constituido el “Gran Oriente de Colón”, según reza en los encabezados de todas sus actas, y la Gran Logia de igual nombre; pero al acudir a los Cuerpos de EEUU para su reconocimiento, estos habían objetado que se hacía preciso el establecimiento de una tercera logia. Toda esa ingente labor para el logro de afianzar la organización masónica en Cuba tenía como cabezas visibles a los IIHH Andrés Pantaleón Cassard y Cassard y Juan Rafecas; masón radicado en Nueva York, el primero, con un bien ganado prestigio de masón conocedor y muy activo. Estos, logran recibir Carta Dispensa y su correspondiente Patente, por parte de la “Gran Logia de Carolina del Sur”, para la fundación de una tercera logia, lo que llegan a materializar el 17 de noviembre de 1859 y a la cual llaman en honor a quien consideraban su fundador, San Andrés No. 3, según todas las referencias a la misma que constan en nuestros archivos y no No. 98 como piensan unos, ni 93, según otros; resultando su primer VM el VH Pedro Ferrer y Landa.
De esa forma, con la condición preexistente de las tres logias fundadas, El Supremo Consejo de Grado 33 del REAA para la Jurisdicción del Sur de los EEUU de América, situado en Charleston, en la Carolina del Sur, bajo gobierno de su Soberano Gran Comendador, el IH Albert Pike, concede al IH Cassard amplios poderes para reorganizar la masonería en la Isla de Cuba e Indias Occidentales, lo que permitió fundar la “Gran Logia Simbólica de Colón”, hecho que se materializa el 5 de diciembre de 1859, hace hoy 156 años.



Muchos han sido los masones eminentes que propiciaron que nos reunamos en esta celebración de la “Gran Logia de Cuba”, desde los pioneros fundadores de aquella masonería organizada como Cassard y Rafecas; el primer Gran Maestro de la Gran Logia de Colón, el IH Francisco Griñán y Mozo de la Torre, su primer Gran Secretario, el VH José María Rodríguez, quienes habían sido respectivamente, VM y Segundo Vigilante fundadores de la Logia La Prudencia No. 2; y luego quien por derecho propio ascendiera a la categoría de nuestro más insigne masón, el IH José Andrés Puente Badell, electo Gran Maestro de la Gran Logia de Colón en 1866, junto a otro prominente como Gran Secretario, el VH Benjamín Odio Medero.



Fueron precisamente Andrés Puente y Benjamín Odio, los que luego de grandes esfuerzos, logran por primera vez en el año 1867, ganar para la masonería simbólica, su soberanía e independencia de los Altos Cuerpos Escocistas, a quienes habían estado supeditados hasta la fecha.



Muchos obstáculos tendría que sortear la masonería cubana en las cuatro últimas décadas del siglo XIX, tanto por la precaria situación social y política que imperaba, como por los muchos intentos, ideales y hasta logros secesionistas que reinaban en el seno de la Institución a ambos lados de la Isla. En 1870 surge en La Habana una Gran Logia Provincial de Occidente con el apelativo de “Madre Logia Provincial de Occidente”, que en 1874 pasó a llamarse “Gran Logia de la Isla de Cuba”, la que luego de reconocimientos y desconocimientos mutuos con la Gran Logia de Colón, al final, el 25 de enero de 1880, 26 talleres de la “Gran Logia de Colón” y 18 talleres de la “Gran Logia de la Isla de Cuba”, se unen para formar La “Gran Logia Unida de Colón e Isla de Cuba”. La desafortunada situación que atravesaba la Isla, trae como consecuencia que, incluso antes de la Contienda de 1895, la mayoría de las logias habían visto suspender sus trabajos. Al final de ese período convulso y en extremo hostigante para la Fraternidad, aparece la figura excelsa de Aurelio Miranda Álvarez, quien reorganiza nuevamente la Institución bajo los auspicios de la “Gran Logia de la Isla de Cuba”, la cual celebra su primera sesión, después de la reestructuración, el 25 de marzo de 1899.



No hemos podido encontrar mejor forma para resumir el actuar de la Masonería Cubana, en todo su decursar por la segunda mitad del siglo XIX, que la declaración del Primer Congreso Nacional de Historia, celebrado en La Habana el 8 de octubre de 1942, y cito:



“El Primer Congreso Nacional de Historia, proclama que la Masonería Cubana ha sido en todos los tiempos, desde su fundación, la Institución que más elementos ha aportado a la Independencia, la Libertad, la Cultura y el progreso de Cuba, tanto desde el punto de vista ideológico como por el ejemplo de sacrificio, heroísmo y perseverancia ofrecido por sus afiliados para dar a Cuba una vida de decoro humano, de igualdad y Fraternidad Social y un Régimen de sana Democracia”, fin de la cita.



Es de destacar que el gobierno de la ciudad de Santiago de Cuba, acordó en sesión del 9 de junio de 1947, hacer suya dicha declaración, colocando una placa en el frontispicio de la Logia “Fraternidad No. 1”, para perpetuar el hecho.



El advenimiento de la República, el 20 de mayo de 1902, encuentra al IH José Fernández Pellón al frente de la Gran Maestría de la “Gran Logia de la Isla de Cuba”, a quien le suceden una pléyade de muy virtuosos hermanos entre los que destacan el IH Fernando Figueredo Socarrás, veterano de nuestras luchas libertarias; Carlos Manuel Piñeiro Crespo, instaurador del Auxilio Masónico entre 1926 y 1928; Antonio Irazós y del Villar, promotor del Proyecto de Caridad “Zapato Masónico”; Carlos Manuel Piñeiro y del Cueto, a quien bajo su mandato, entre los años 1949 a 1958, correspondió el privilegio de ver construirse el “Gran Templo Nacional Masónico” y crearse la “Academia de Altos Estudios Masónicos”. Muy necesario creemos, no pasar por alto el hecho de que en esta etapa, los más encumbrados sentimientos separatistas, lograron encontrar el caldo de cultivo necesario, y así ver colmados sus anhelos de división cuando en el año 1921 se funda en esta región del país la “Gran Logia Oriental de Cuba”, con el IH Fernando García y Grave de Peralta, cap. del Ejército Libertador, a la cabeza; a cuya iniciativa se debe la creación de la primera rama paramasónica femenina, denominada “Hijas de Masones de la Cruz Blanca de la Fraternidad”. Mantúvose vigente este Gran Oriente hasta 1945, año en que gracias al esfuerzo de preeminentes masones de ambos lados de la nación nuestra Institución Fraternal logró unificarse con la actual denominación que hoy conocemos de “Gran Logia de Cuba de AL y AM”.



Habiendo así transcurrido los dos primeros tercios de vida de la Masonería Regular en Cuba, plagados también de obstáculos, aciertos y desaciertos, se llega al final de este período con una muy fecunda labor en el plano institucional y el resultado de enormes progresos en la consolidación de nuestra Organización. Sin embargo, ya entrados en la década de 1940, el sentir de los más encumbrados pensamientos de Nuestra Institución, reflejaba insatisfacciones con lo logrado, como expresan por ejemplo, las reflexiones vertidas en conferencia leída en la Logia “Román de la Luz”, de Arroyo Arenas, en el año 1940, lamentando no contar con el nombre de su autor, y cito:



“La Masonería tiene necesidad por propia conservación y existencia que salir del letargo en que ha permanecido sumida desde (el fin de) nuestras luchas libertarias hasta la fecha. Creyó que conseguido el ideal Masónico de sacudir el yugo Hispano que nos oprimía, ya había terminado su misión…Nos encerramos en nuestros templos a partir de aquella fecha, a cumplir lo que la liturgia ordena, a realizar obras de caridad,…muchos hermanos…encuentran sin razón…el reunirse tantos hombres de almas puras, (solo) para hacer unas cuantas obras de caridad. Hemos visto cruzados de brazos, como el pueblo en sus luchas cívicas se ha ido degradando. Tenemos una gran culpa de lo ocurrido y debemos enmendar nuestros errores comenzando por elegir a nuestros grandes funcionarios en personas, que no quieran convertir la orden en una asociación de beneficencia. Seguir estimulando el beneficio propio de cada miembro de la orden, es estimular el egoísmo en los mismos, constituyendo un gran peligro para la estabilidad de nuestros postulados. La Masonería tiene dos caminos: O actúa de acuerdo con la misión que ella tiene o desaparecerá como inútil e innecesaria. En nuestro país ya no se cuenta con ella como institución oficial (ni) con los sólidos prestigios que siempre la han aureolado. Para intervenir como otras organizaciones nacionales en todas aquellas obras en que podamos cumplir y hacer cumplir los postulados de Martí”, fin de la cita.



Con este panorama nos adentramos en las últimas seis décadas de existencia de nuestra Institución. Grandes han sido los retos y hasta insospechados los escollos que se han tenido que enfrentar, pero más que eso, digna de todo encomio ha sido la ardua labor de los hermanos que supieron mantener viva, en esta etapa, la llama de la Masonería en Cuba. Sobresalen entre ellos los ex Grandes Maestros IH Manuel Céspedes Mora, y el IH Roberto Luis Ferrer, dignos ejemplos de masones a toda prueba, que supieron hacer en su momento lo que exactamente a su momento correspondía.



Hemos podido disfrutar en los últimos tiempos de magníficos logros, pero también sufrido lamentables consecuencias por causa de muy erradas decisiones.
La Masonería en nuestro país tiene un futuro promisorio, siempre y cuando sepamos identificar a qué nuevos desafíos se enfrenta la Fraternidad, tanto desde el punto de vista institucional como en el orden masónico individual.



De lo primero, se precisa, entre tantas cosas, luchar contra toda manifestación de secesionismo o división en el seno de nuestra Organización, no con inútiles camisas de fuerza que intenten retener al descontento, sino con un actuar justo y limpio, desprovisto de toda insana pretensión, logrando en todas las esferas del gobierno masónico un proceder digno, al que no interese a quién se le está impartiendo justicia, sino simplemente, de qué lado ha de estar esa justicia; sin olvidar jamás, que muchas veces quienes han estado frente a un tribunal sancionador, han sido HH dignos, llevados a tales situaciones por defender posturas de principios que han entendido como no negociables. Y sobre todas las cosas, es preciso lograr mantener, desde el lado opuesto a tales posturas, una conducta recta, merecedora del mayor respeto por parte de los propios adversarios. Apremia también, acabar con el inmovilismo que, como institución, desde hace décadas, nos corroe ya hasta los tuétanos, desterrando por siempre de nuestras conductas el no hacer y hasta el no decir, sabiendo dar un uso respetuoso y a la vez valiente de nuestros derechos institucionales, en cualquier tribuna y ante cualquier situación. Debemos como Organización Masónica, formar parte de la lucha que se lleva a cabo en nuestra sociedad toda, por el rescate de valores morales, tan venidos a menos en estos tiempos, y de lo cual la masonería y los masones, como parte inseparable de nuestro pueblo, no han podido salir ilesos. Y ciertamente debe ser un combate donde por única vez enarbolemos las armas de la más férrea intolerancia ante toda forma impúdica de la conducta humana, logrando con ello que lo expresado en el Libro primero de la Legislación Masónica, su Constitución, en el Capítulo primero, epígrafe 1, que reza: “La Masonería es la Institución Orgánica de la Moralidad y su fin, disipar la ignorancia, combatir el vicio e inspirar el amor a la humanidad”, deje de ser letra muerta y lo convirtamos por convicción verdadera en manantial de aguas vivas donde podamos beber esas sabrosas aguas del mejoramiento humano. Lamentablemente debemos apoyarnos en el derecho y obligación a la vez, de la selectividad y saber inculcar en los hermanos toda la responsabilidad que en ello está implícita.



Hoy, gracias al quehacer incesante, que encabeza nuestra actual Gran Maestría, la Masonería Cubana deja respirar aires totalmente favorables a todos los postulados vertidos anteriormente, y mejor que eso, es más que consciente de la enorme tarea que tiene por enfrentar, para llevar a Nuestra Institución a desempeñar el verdadero papel que le corresponde en la sociedad.



Resta, en el orden individual también, a cada masón, en cada logia, en los barrios y por encima de todo, en sus propios hogares, ser baluartes en el combate a los vicios, incansables luchadores por el propio crecimiento espiritual, conscientes cada vez más de que a nuestra Institución no hemos venido a buscar nada material, ni a satisfacer vanidad alguna de los seres humanos, y mucho menos hemos venido a disfrutar festejos, sino solamente a encontrar el camino de la superación personal y de la ayuda totalmente desinteresada al prójimo.



Enorme es la distancia que nos queda por recorrer, gigantes las metas por alcanzar; donde mas que anheladas aspiraciones materiales o pretendidas escaladas sociales o institucionales, nos urge, clavar en el pecho de cada masón, esos perseguidos pilares de la fraternidad: la virtud en el sentido ético, que es la constante disposición del alma hacia el bien, y el bien en su sentido puro, que es aquello que se conforme al deber, lo que es útil, lo que es beneficioso, lo que es causa de alegría, lo que hace la felicidad de los seres humanos. Logremos los masones, que dos enconados adversarios de ideas sean entrañables hermanos de sentimientos y el verdadero amor fraternal habrá anidado para siempre en nosotros. Entonces, nuestra estatura humana se hará tan gigante como nuestras metas, y ya seremos de seguro, una colectividad más que influyente, que estará en condiciones de traspasar sus muros y salir al encuentro de cualquier compatriota desconocido a decirle: Cubano, nosotros somos masones, que aunque no siempre nos entendemos, sí invariablemente nos respetamos y amamos. Recibe esa influencia nuestra, y salgamos juntos a edificar una Cuba mejor.




Muchas Gracias,


Marcos A. Wong Fernández
VM Prudencia No. 2



Discurso tomado de La Gran Logia de Cuba

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