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Martín Herrera

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Martín Herrera

Mensaje por Admin el Sáb Feb 18, 2017 10:45 am

MARTIN HERRERA

                                        
Nació en San Diego de Núñez, al igual que otros distinguidos pinareños que ha representado su tierra  con honor e hidalguía, tales como Cirilo Villaverde, por solo mencionar uno más.


Su padres fueron José Antonio Herrera y Francisca Montero  y vio la luz en su propio hogar, el 7 de septiembre de 1846.

Más que ilustrado, fue conocedor de la naturaleza, del entorno y de los caracteres humanos que lo moldearon y prepararon para la vida, en diferentes tareas del campo y ayudando a su padre, montero de experiencia, se labró el porvenir de joven,  que en primeras nupcias se casa con Lutgarda Torres, yendo a vivir a La Palma, donde constituyo hogar propio y donde encontraría, en lasos fraternales  la guía espiritual que lo enriqueciera durante toda la vida.

Veintitrés años tenia, cuando envuelto con otros vecinos y familiares en los acontecimientos políticos de la guerra contra España,  se ve obligado a salir de cuba. Emigró, como tantos  otros a Cayo Hueso y de manera inmediata tomó participación en todas las reuniones y actos patrióticos que allí se desarrollaban; y en los cuales era un entusiasta colaborador y se incorporaba a toda acción encaminada a favor de la isla amada.

Su palabra fácil y llana, de guajiro natural que adquiere la sabiduría de la nobleza del campo, su entusiasmo contagioso y su concepción de  fraternidad, pulida y aumentada con sus hermanos masones, con quienes hizo contacto enseguida, pronto le ganaron, a pesar de su juventud, la admiración y el cariño de  toda la emigración cubana en Cayo Hueso.

Martí recuerda cuando Aguilera, el fundador del liceo San Carlo en Cayo Hueso,  le dijo a Martín Herrera: ¨Te lego lo que tengo, Martín; te lego el Liceo San Carlos¨,  la juventud y el entusiasmo, además de la firme convicción y el espíritu de la fraternidad,  convirtieron pronto a Martín Herrera  en el alma del patriótico Club San Carlos  y de otras organizaciones independentistas con las que colaboró sin descanso para su engrandecimiento.

 En especial, se destacó en  la recaudación de fondos para la causa independentista. Y no se trataba de que haya alcanzado resultados económicos que lo convirtiera en un comerciante enriquecido; en realidad era un luchador incansable, un trabajador de mucho espíritu que se desempeño con ahínco en numerosa labores, tales como, cafés, fondas, barberías, bodega , carnicería, tienda mixta y hotel, como empleado primera y administrador después;  y en 1884 ya aparece,  en unión de otros cuatro comerciantes, entregando 5000 pesos oro para el plan Gómez-Maceo, el cual organizaba la revolución para venir a librar a cuba.

En su hotel, y antes en sus establecimientos todos,  cada cubano recién llegado, tenia crédito o albergue. Jamás pensó en su provecho, ni disfrutó de beneficio alguno,  su siempre menguada bolsa estuvo constantemente a disposición de la patria. Martí incluso lo ayudará, para que su hijo Francisco Herrera (fruto de su segundo matrimonio con Abelina Valdés) tuviera escuela y le compra la cuchilla que quería. A esa altura Martín Herrera se había casado por última vez, América León criaría las dos pequeñas hijas del matrimonio anterior, con Clotilde Valladares, pero no al mayor, a Francisco, el cual debería ir a escuela como interno y Martí intercede para que sea el colegio de Tomás Estrada Palma.

En carta que aparece fechada el 9 de marzo de 1893 Martí le dice a Martín que no olvida su servicio prestado a la patria. Le recuerda cuando le hoyo hablar por primera vez en el Club San Carlos. Le devuelve –dice- fondos que opina debe mantener el club en su poder;  y pasa a hablarle de su hijo: ¨Pancho ya tiene su cuchilla... ha engordado y echado color y espaldas  y se le ha afinado la fisonomía... es atento, tierno y pundonoroso... trabajemos para la dignidad y el bienestar de todos los hombres...¨ y saluda  a su América y  a sus hijas.

Fue Martín, como queda expresado, cofundador del Partido Revolucionario cubano y por  su cercanía a Martí y por su grandeza de alma, fue querido y admirado  por él.

Además de lo ya dicho, puede leerse como Martí se refiere a él en varias oportunidades en sus artículos de ¨Patria¨, por ejemplo, en la edición del 1 de abril de 1893: ¨largo rato estuvo en la tribuna Martín Herrara... y el aplauso fue continuo... incluso antes de poder hablar ¨;  o en cartas breves como las del 12 de septiembre,  o la de julio de 1892, incorrectamente fechada en 1894, o la que le escribe disculpándose porque no puede ir a verlo ese día de 1894.

Quizás ese respeto de Martí  por Martín Herrera queda mejor plasmado  cuando comenta en el periódico ¨Patria¨ desde Nueva York, el  monumento que  en homenaje a  Francisco Lamadriz, inaugura el pinareño en el cayo. Dice Martí:

¨... Un hombre que,  de su arranque sencillo de alto puesto  en que le tiene la gratitud  de sus conciudadanos, es  tipo vivo  de la época de amalgama  y justicia que prepara, en  el ejercicio completo y franco  de los derechos humanos, y  en el ajuste natural  de los elementos diversos,  la victoria durable  de nuestra revolución. Martín  herrera  mueve con el suyo el corazón del cayo: él le alzó al cubano  de todos los colores  la escuela de San Carlos, y él la mantiene; él va  de casa en casa, sacudiendo las conciencias; él preside, desde su carro de trabajar; él ama la libertad, y  amasa, con sus manos populares, las virtudes que han de impedirle el extravío. El, hijo de la emigración libre,  cubano nuevo de la patria errante,  que trajeron los héroes al  mundo, debía ser el  que del corazón  impetuoso y del patriotismo  que espera en pie, levantara el sagrado monumento¨.

Termina la guerra de independencia, truncada por la intervención y posterior ocupación  norteamericana, Martín Herrera regresó a Cuba sin más fortuna que su corazón  y su entusiasmo  de siempre, aunque ya con más de 55 años , su esposa América León  y sus hijas Pocahontas y Pensilvania. La primera casaría en esta ciudad y su hija, nieta de Martín, América Libertad, viviría  un tiempo en la calle Máximo Gómez. Martín desempeñaría una plaza de maestro primario primero, luego trabajaría en la Oficina de Correos,  cargo durante el cual sería electo como Concejal del Ayuntamiento  Pinareño, para posteriormente, mudarase a San Juan  y  Martínez, a una propiedad familiar  que ensanchó con otra finca vecina  que compró y donde pasó sus últimos años sólo en compañía de su amante esposa América León.

La noble señora, viuda desde el infausto año de 1922 vistió de luto honorable  por su memoria  e hizo de sus casa un santuario de recuerdos  y de patriotismo  a donde iban los niños  de la escuela vecina, en cada fecha patria significativa, para llevar flores ”al sillón en que se sentó Martí”  a escuchar  a la dulce dama hablarles  sobre la amistad entrañable  que existió entre su difunto esposo y el Apóstol de Cuba.

 El busto erigido en el parque sanjuanero, la foto que en el principal lugar exhibe la Logia SolanoRamos y el nombre suyo denominando la Logia de La Palma, son testimonios, entre otros, de cuan hondo caló entre nosotros la vida de este ilustre pinareño.

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Pedro P. Dollar:.
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