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LA ANTIGUEDAD DE LA MASONERIA

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LA ANTIGUEDAD DE LA MASONERIA

Mensaje por Admin el Mar Jun 22, 2010 11:31 am

R:.H:. Ricardo E. Polo : . - Grado 33

Ensayo masónico sobre aspectoshistóricos y legendarios de la Masonería Realizando estudios sobre diversos aspectos históricos y legendarios de la Masonería, se puede acceder a los trabajos del H:... Alberto Gallatín Mackey. El ilustre historiador, periodista y reconocido Masón, al escribir un artículo sobre la antigüedad de la Masonería y fascinado por las teorías del Dr. Oliver de las que nunca aceptó sus prin­cipios, intentó dar forma a las teorías que consignaban la manera en que la Francmasonería existía bajo la construcción del Templo de Salomón. Después de mu­chos años de investigaciones minucio­sas, decidió modificar con amplitud los principios que anterior­mente había concebido Oliver. Aunque no fue su intención el figurar entre los modernos iconoclastas que rehúsan la creencia y fe de todos los documentos cuya autenticidad, si fuera admitida, proporcionaría a la Orden un nacimiento anterior a los comienzos del siglo XVII. No se conocen con exactitud y evidencia incon­testable, pruebas para hacer aparecer a la Ma­sonería, establecida con el sistema ac­tual, más allá de los tiempos de las Corporaciones Constructivas de la Edad Media. En vista de tal cosa, las referencias existentes se encuentran únicamente en el sentido de la her­mandad arquitectónica, distinguida por signos, por palabras, y por lazos fraternales los que no han cambiado esencialmente, y por símbolos y le­yendas que se desarrollan y extien­den, en tanto que la asociación ha sufrido una transformación que, re­presentando un arte activo, se convierte en una ciencia especulativa. En tiempos de las Corporaciones Constructivas no aparecieron con toda su organización propia --diferente como lo era de la de otros gremios--- semejante a Autochthones de Alemania. Ellas también de­ben haber tenido un origen y un ar­quetipo, de donde proviene su singular carácter. Los Colegios Romanos de los Artífices, fueron los que se esparcieron por toda la Eu­ropa con sus invasoras fuerzas del imperio y que se hacen remontar hasta Numa, quien les legó esa mix­tura práctica de carácter religioso que ellos poseían, y la que era imitada por los arquitectos medioevales. Debemos, por lo tanto, contemplar a la Francmasonería, bajo dos puntos de vista muy distintos; El primero, como lo es, -una sociedad de Ar­quitectos Especulativos encargada de la construcción de templos espiritua­les, siendo en éste concepto un desarrollo de los Arquitectos Activos del siglo décimo y de centurias suce­sivas, y que eran vástagos de los Francmasones Viajeros de Como, que los hace remontar en su origen a la época de los Colegios Romanos de Arqui­tectos. La Masonería debe verse tam­bién bajo otra base y fundamento. No solamente presenta la apariencia de una ciencia especulativa, basada en el arte activo, sino también se lo ex­hibe de una manera significativa como la expresión simbólica de una idea religiosa.

Es decir, en frases más claras, vemos en ella, la impor­tante lección de la vida eterna, que nos refiere la leyenda, que aun siendo ver­dadera o falsa, la adopta la Maso­nería como un símbolo y una alego­ría. No obstante podemos extender la expresión simbólica, hacia una idea ética y moral que pudiera exceder, por su concepción laicista, los fundamentos religiosos. Sin embargo, existen quienes sostienen que el Simbolismo es un método pedagógico de trascendentes resultados, imbuido además, de aquellas connotaciones.Pero, a la luz de los conocimientos actuales, ¿Cuál es el origen de esta le­yenda? ¿Fue acaso inventada en 1717 al renacer la Francmasonería en Inglaterra? Tenemos una evidencia cuyo carácter circunstancial es el más vigoroso, y que proviene del Manuscrito de Sloane N° 3329, exhu­mado de los armarios del Museo Británico, siendo conoci­da la leyenda por los Masones, ya desde el siglo diecisiete. Si es así, ¿los Masones Activos de la Edad Media también tenían unal eyenda? Lo más evidente es que sí. Entonces también los Compagnons de la Tour, vástagos de los Gremios de los viejos Masones tenían una le­yenda. Sabemos muy bien que la le­yenda era en su naturaleza de ca­rácter muy semejante, aunque no en todos sus detalles precisamente lo mismo que la leyenda Masónica. Y sin embargo, tenía relación con elTemplo de Salomón. Ahora bien: ¿Acaso inventaron los arquitectos de la Edad Media su le­yenda?, ¿O la obtuvieron de alguna vieja tradición? La contestación es intrigante, aunque su respuesta afecte muy poco la antigüedad de la Francmasonería. Lo que nos interesa, en realidad, no es la forma de la leyenda, sino su espíritu y designio simbólico. Esta leyenda, tal como la tenemos ahora, y que ha subsistido por un periodo como de dos­cientos cincuenta años, está destina­da, por una representación simbóli­ca, a demostrar la resurrección de la muerte, y el dogma divino de la vida eterna. Todos los Masones co­nocen su naturaleza, por lo que no es ni necesario ni oportuno extendernos en esto. Pero, ¿podemos encontrar dicha leyenda en algún lugar? Efectiva­mente que sí. En realidad no como la mis­ma leyenda; ni el mismo personaje como su héroe; ni los mismos deta­lles; pero sí una leyenda con el mismo espíritu y designio; una leyenda fúnebre en su carácter, celebrando la muerte y la resurrección. Que se solemniza en ceremonia con lamentaciones, pero culminando con alegría. Como en los Misterios Egipcios de Osiris, la imagen de un cadáver se conduce en una argha, arca o ataúd, por una procesión de iniciados. Este envol­torio en el ataúd o entierro del cuer­po se llamaba “afanismo”, o desapa­rición. Las lamentaciones por él, formaban la primera parte de los Misterios. Al tercer día del entierro, los sacerdotes e iniciados llevaban el ataúd que contenía un vaso de oro, hacia el rió Nilo. Y tomando en este vaso agua del río; exclamaban entonces "Lo hemos encontrado, regocijémonos", declarando de inmediato, que Osiris que había muerto, había descen­dido a Hades, de donde había regre­sado retornando a la vida.

El regocijo que sucedía inmediatamente, constituía la segunda parte de los misterios. La analogía que existe entre éstos y la leyenda de la Francmasonería es, como se advierte, aparente. Pero la misma leyenda si se quiere difiere en detalles, pero en to­do coincide en su naturaleza general, de la misma manera que se encuentra en todas las religiones antiguas. Sea en la adoración del sol, en la adoración de las plantas o en la adoración de los animales. Con frecuencia, ha sido alterada del designio original. Deberemos tener en cuenta también, que se realizaba a veces al fin del invierno y al comienzo de la primavera, algunas veces a la puesta o a la subsiguiente salida del sol, pero como fundamento al indicar una pérdida y un restablecimiento. En los Antiguos Misterios, esta leyenda adopta su forma más pura. Idénticos misterios que en Samothrace, en Eleusis, o en Byblos --en todos los lu­gares donde éstas antiguas religiones y ritos místicos se celebraban--encontramos idénticas alegorías de vida eterna, inculcadas por la re­presentación de una muerte imagi­naria y de una posterior apoteosis. Y es la leyenda misma en lo absoluto, que relaciona a la Franc­masonería Especulativa con los Mis­terios Antiguos de la Grecia, de Si­ria y del Egipto. La teoría que anticipó Mackey sobre la antigüedad de la Francmasonería es ésta: “que su actual organización pro­pia es sucesora, con certeza, de las Corporaciones Constructivas de la Edad Media, derivadas, aunque con menos certeza pero con más probabilidad, de los Colegios Roma­nos de los Artífices.” La relación con el Templo de Salomón y su lugar de nacimiento, pueden haber sido accidentales, --selección meramente arbitraria de sus mentores-- y con­serva solo una sig­nificación alegórica; aunque puede ser histórica, como se explica por las frecuentes comunicaciones que en un tiempo se llevaron a cabo entre los Judíos, los Griegos y los Romanos. Este es un punto que queda aun por dilucidar, que no se ha podido deter­minar una convicción concreta; pues los elementos históricos sobre los que debiéramos basarnos, son aun demasiado esca­sos. No obstante es posible pensar, considerar o admitir, que el Templo de Jerusalén y las tradiciones Masónicas relacionadas con él, constituyen un aspecto de la gran alegoría de la Masonería. Bajo otro punto de vista en el que se presenta la Franc­masonería a nuestros ojos, la cuestión de su antigüedad puede determinarse con más facilidad. Así, la podemos definir como una Herman­dad, compuesta de Maestros simbólicos, Compañeros y Aprendices, que pro­viene de una Asociación de Maestros Activos, Compañeros y Aprendices, --serían los constructores de templos espirituales, así como éstos lo son de los materiales— y su edad no puede considerarse en más de seiscientos o setecientos años. También, definirla como una asociación secreta, que contiene en si misma la expresión simbólica de una idea re­ligiosa, y que tiene relación con to­dos los Misterios Antiguos, los que, con discreción semejante, dieron igual expresión simbólica a la mis­ma idea religiosa. Sin embargo, éstos Mis­terios no fueron la cuna de la Franc­masonería; fueron solo sus análogos. Existe la convicción de que todos los Misterios tuvieron un ori­gen común, quizás, como se ha creído, de algún antiguo cuerpo de sacerdotes. Y a través de los testimonios con que se cuenta para sostenerlo, la Francmasonería debe su leyen­da a su modo de ins­trucción simbólica, a la manera por la cual dicha instrucción se obtiene, ya sea directa o indirectamente y que proviene del mismo origen. Por eso, los Misterios llegan a ser interesantes para el Masón como estudio. Y solo en este sentido. Por lo que siempre que se habla de la antigüedad de la Masonería, debe pensarse, respetando los axiomas históri­cos de la ciencia, que su cuerpo sur­gió de la Edad Media, pero su espíritu se remonta hasta un período aún más remoto.

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Pedro P. Dollar:.
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