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TEMPLARIOS Y MASONES, LA CONEXION ESCOCESA

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Re: TEMPLARIOS Y MASONES, LA CONEXION ESCOCESA

Mensaje por Admin el Mar Sep 15, 2009 4:21 pm

Completamente de acuerdo con Ud mi querido Caballero de Cocody. como Ud.dice muchos trataran de encontrar los Sagrados Misterios por via de la especulacion y he ahi el craso error. A ellos solo se llega mediante el estudio y la contemplacion. Y aun asi siempre hay algo que aprender, siempre hay algo que experimentar muy dentro de nuestro ser. Ese es el "sabor" que se inculca en todo buen mason deseoso de conocer y practicar los preceptos de la Orden. Mis saludos.

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Re: TEMPLARIOS Y MASONES, LA CONEXION ESCOCESA

Mensaje por Admin el Mar Sep 15, 2009 4:44 pm

II. Filiación de Larmenius: entre jesuitas y masones (cont.)

Yo, Johannes Marcus Larmenius, hice entrega del presente escrito el
18 de febrero de 1324.

Yo, Theobald, recibo el grado de supremo Maestre con la ayuda de
Dios en el año de Cristo 1324.

Yo, Arnald de Braque, recibo el grado de supremo Maestre con la
ayuda de Dios en 1340 d.J.C.

Otro pasaje interesante es en el que Larmenius arremete contra los
templarios huidos a Escocia en estos términos:

Por último, por decreto de la Asamblea Suprema y por la Suprema
autoridad a mí otorgada, deseo y ordeno que los templarios
escoceses desertores de la Orden sean maldecidos, y que ellos y los
hermanos de San Juan de Jerusalén – se refiere a los hospitalarios -,
expoliadores de la propiedad de la Orden de los Caballeros (que Dios
tenga piedad de ellos), sean expulsados del círculo del Temple, ahora
y para siempre.

Una hipótesis plantea, sin embargo, que esta carta que
supuestamente data de 1324, fue en realidad fraguada en el siglo
XVIII por el duque Felipe de Orleáns, quien se la habría encargado a
un jesuita de nombre Bonnati (o Bone). En cualquier caso, lo que sí
parece cierto es que el duque de Orleáns fue elegido Gran Maestre de
los templarios en 1705, en Versalles, donde se redactaron los
Estatutos de una Orden que incluso llegó a ser años después
impulsada por Napoleón (como ya hiciera con la francmasonería
francesa al colocar a su hermano al frente de ésta), hasta el punto de
autorizar una ceremonia solemne en la iglesia de San Pablo y San
Antonio en memoria de Jacques de Molay. Corría el año 1808, y era
por entonces Gran Maestre de esta orden el ex seminarista, médico y
masón Raymond Bernard Fabré-Palaprat, el cual seguramente
siempre creyó en la legitimidad de su filiación.

Curiosamente, en la tradición de Larmenius, éste calificó a los
caballeros medievales de la Orden huidos a Escocia como los
“templarios desertores”, lo cual hace pensar que, si efectivamente la
carta de transmisión fue una invención de elementos de la masonería
decimonónica, tan dados algunos de ellos a fabricar falsos
documentos históricos, genealógicos y filiativos, lo que se pretendía
con ella, desde instancias de la masonería francesa, es deslegitimar o
arremeter contra la filiación escocesa. ¿Chauvinismo, o meros
subterfugios de la masonería regular, cuya intención sería
deslegitimar la incipiente masonería jacobita?...

En cualquier caso debemos señalar que varios cultivados eruditos
creen que este documento es auténtico, y en tal caso las dos
tradiciones que existen (la escocesa y la de Larmenius), habrían
vuelto a ser unidas por el Chevalier Ramsay, del que hablaremos más
adelante, cuando llevó consigo el antiguo Rito escocés a París, donde
el príncipe Carlos Estuardo vivía en el exilio.

III. La tradición jacobita

El abad Velly en su Historia de Francia refiere que cuando los cuerpos
de los dignatarios del Temple, Jacques de Molay y Geoffrey de
Charney, no eran más que unos restos carbonizados, el pueblo se
abalanzó hacia las hogueras, a pesar de que permanecían allí algunos
guardias, “y recogió ceniza de los mártires para llevársela como una
preciosa reliquia. Todos se persignaban y no querían oír nada más.

Su muerte fue bella, y tan admirable e inaudita, que todavía hizo
más sospechosa la causa de Felipe “el Hermoso”...”

Antes del fatal desenlace, entre la muchedumbre, grupos de tres o
cuatro Compañeros constructores, canteros y carpinteros, que eran
una especie de tercera orden corporativa bajo la protección de los
Caballeros del Temple, habían oído la voz de Molay como una
sentencia. A decir de Robert Ambelain, gran maestro de varias
obediencias masónicas, esta sentencia significaba para ellos a la vez
una orden para avanzar y una esperanza...

Según un documento que a decir de Michel Lamy cabe fechar hacia
1745: “los templarios que escaparon al suplicio abandonaron sus
bienes y se dispersaron, unos se refugiaron en Escocia, otros se
retiraron a lugares apartados y escondidos donde llevaron una vida
de ermitaños”. En España, un caso muy evidente de esto último lo
encontramos en el refugio en la ciudad eremítica de Cívica, auténtico
dédalo excavado en la roca, de templarios procedentes de varias
encomiendas de la provincia de Guadalajara, entre las que estarían
las de Torija, Albares y Ocentejo, y seguramente también las de
Peñalver, Campisábalos y Albendiego. Cabe pensar por ello, respecto
del documento de 1745 a que se refiere Lamy, que el refugio en
Escocia de varios templarios fugados de Francia también sea una
realidad. Además hay pruebas más que notorias de que esto fue así,
tal como veremos. Por otra parte, y ello también lo corrobora Lamy,
lo que está más que constatado es que la flota templaria del
Mediterráneo, y sin duda una parte de la del Atlántico también, se
refugió en Portugal y España, siendo luego recuperadas para las
órdenes de Cristo y Montesa respectivamente. Otra parte de la flota,
si nos atenemos a los testimonios del Maestre de Escocia, Walter de
Clifton, y de otro Caballero Templario, William de Middleton, habría
zarpado, al mando del comendador de Ballantrodoch “allende la mar”
y con rumbo desconocido...

Algunos estudiosos han presentado argumentos convincentes de que
la francmasonería tuvo sus orígenes en la herencia templaria. Tal es
la hipótesis de los investigadores británicos Michael Baigent y Richard
Leigh en El Templo y la Logia, y también la del historiador
norteamericano John J. Robinson en Nacidos en sangre. Sin embargo,
en ambas obras se llega a la misma conclusión desde diferentes
caminos.

Para Baigent y Leigh, la continuidad de los templarios habría partido
de Escocia, mientras que Robinson investigó los orígenes de los ritos
masónicos actuales, viéndose también conducido por esa pista hasta
los templarios. Ambos libros se complementan y proporcionan una
visión amplia de los vínculos que habría entre esas dos grandes
organizaciones.

Las divergencias entre Baigent-Leigh y Robinson es que los primeros
consideran que la francmasonería tuvo su origen en los templarios
refugiados en Escocia, y que pasaron a Inglaterra en 1603 cuando
ocupó el trono el rey escocés Jaime IV. Por el contrario Robinson
piensa que fue en Inglaterra donde se convirtieron en francmasones
los templarios, llegando incluso a estar tras la insurrección campesina
de 1381, lo cual no resulta nada descabellado si consideraciones
detalles tan curiosos como que durante las revueltas se atacaron
propiedades de la Iglesia y de los Caballeros Hospitalarios –las dos
organizaciones principales enemigas del Temple-, mientras que se
tuvo cuidado de no dañar las antiguas construcciones templarias.

De lo que no cabe ninguna duda es de que los templarios hicieron de
Escocia uno de sus principales refugios tras la disolución oficial,
seguramente por que allí no alcanzaba la autoridad de Roma, al
haber recaído en aquella época sobre el país un interdicto papal que
situaba al rey, los nobles y los villanos en condición de
excomulgados.

Los actuales caballeros templarios de Escocia, que se dicen
descendientes de aquellos fugitivos, celebran a las afueras de
Edimburgo, en la capilla de Rosslyn -foco de los francmasones
modernos-, los aniversarios de la batalla de Bannockburn, acaecida el
24 de junio de 1314. En esta batalla, en la que Roberto I (Robert
Bruce) derrotó definitivamente a las tropas de Eduardo II de
Inglaterra (yerno de Felipe IV “el Hermoso” de Francia, para más
señas), el rey escocés contó con el apoyo de un contingente de 432
templarios, entre ellos sir Henry St. Clair, barón de Rosslyn y sus dos
hijos Henry y William. Este último murió más tarde en España junto a
otros caballeros escoceses, atacando a los musulmanes, cuando
llevaba el corazón del rey Bruce (que había muerto en Cardross
víctima de la lepra) para enterrarlo en Jerusalén.

Fue con la anulación en 1329 de la excomunión a Robert Bruce - tras
los intentos que el monarca escocés había hecho por recibir el perdón
de la Iglesia, evitando con ello que pudiera haberse organizado una
cruzada contra su país como la que se lanzó contra los herejes
cátaros del Languedoc -, que el rey solicitó a los templarios que se
convirtiesen en una organización secreta, la cual daría origen a las
posteriores fraternidades masónicas.

Para recompensar el valor de los templarios en la batalla de
Bannockburn, Bruce fundó la Real Orden de Escocia, de la que el rey
sería Gran Maestre soberano y los Saint Clair Grandes Maestres
hereditarios. Esta Real Orden de Escocia todavía hoy existe en
secreto, pues el cargo de gran maestre sigue teniendo carácter real.
Muchos destacados templarios escoceses entraron a formar parte de
Real Orden, entre ellos el que por entonces era Maestre del Temple
en Escocia.

Al mismo tiempo, Robert Bruce habría elevado de categoría a la
Orden de Kilwinning del Heredom (es decir, del “asilo” o “refugio”),
que según la tradición era la primera logia escocesa de los canteros
que habían construido la abadía de Kilwinning en tiempos del rey
escocés David I, generoso benefactor de los templarios, y que se
transformó en la Gran Logia Real del Heredom, la principal logia de
Escocia, situada junto a la antigua abadía de Ayrshire. La familia
Saint Clair de Rosslyn presidía sus asambleas anuales, en su papel
hereditario de protectores del rey y del príncipe heredero, y también
como vecinos poderosos y amigos de los templarios, que tenían su
cuartel general en Ballantrodoch. Estas órdenes absorbieron a la
proscrita Orden del Temple, y sus doctrinas secretas se convertirían
en las prácticas de los masones posteriores. Andrew Sinclair, que es
descendiente del príncipe Henry St. Clair, nos dice que una autora
muy versada en esta materia y miembro de la masonería escribió,
hacia 1912, que “la tradición que relaciona a Kilwinning con los
grados templarios es insistente y sale a relucir constantemente (...)
Es verosímil, pues explica la unión de la llana y la espada, tan
notable en los grados superiores”.

En modo alguno resultan incompatibles ni se desvirtúan entre sí las
filiaciones que se esgrimen en la tradición masónica, que confirma al
pretendiente Larmenius asumiendo el cargo de Gran Maestre del
Temple en Francia y excluyendo a la nueva orden escocesa bajo la
calificación de sus miembros como templi desertores.

Las mismas tradiciones nos hablan que a la cabeza de los siete
templarios que se refugiaron en una isla de Escocia para contactar
con el comendador escocés George de Harris se encontraba el
caballero Pierre d´Aumont, del que se decía fue Preceptor de
Auvernia y sucesor directo de Jacques de Molay. D´Aumont, que más
tarde fue nombrado Maestre de los templarios de Escocia durante el
Capítulo extraordinario celebrado el día de San Juan de 1313, habría
velado los rituales templarios tras los símbolos de la masonería y
habría hecho que los miembros del Temple escocés se hicieran pasar
por “masones libres” o francmasones. Sin embargo, así como algunos
consideran falsa la tradición de Larmenius, otros consideran falsa la
tradición de D´Aumont, pues el Preceptor de Auvernia era Imbert
Blanke, que huyó a Inglaterra, donde fue encarcelado y liberado
después.

Existe otra versión de esta tradición en la que Pierre d´Aumont
habría sucedido al frente del Gran Maestrazgo templario al conde
François de Beaujeau, a quien Jacques de Molay antes de su suplicio
habría encargado la misión de hacer revivir la Orden y continuar su
labor. El conde de Beaujeau no sólo habría restablecido la Orden,
sino que fue el depositario del tesoro y los secretos templarios.

En cualquier caso, parece ser que en 1361 la sede de la Orden habría
sido establecida en Aberdeen, para luego expandirse nuevamente por
toda Europa bajo el velo de la Masonería.

Estas tradiciones podrían entroncarse también con las que hacen del
Rito Sueco de la Masonería, del que es Gran Maestre el rey de
Suecia, una fundación de los templarios en el exilio. Y, curiosamente,
la reforma masónica alemana conocida como Estricta Observancia
Templaria, fundada por el barón Von Hund en el siglo XVIII, de la que
hablaremos más adelante, se hallaba influenciada por la masonería
sueca; de hecho, como nos dice Antoine Faivre en El esoterismo del
siglo XVIII, “importado de Francia y alimentado por leyendas
rosacruces por Eckleff, el “sistema sueco”, lleno de hermetismo,
acababa de ser introducido en Alemania por un desertor de la E.O.T.,
Johann Wilhelm Ellenberg, conocido como Zinnendorf, médico y
masón, hombre muy ambicioso”.

IV. Los Maestros Escoceses, el estuardismo y la Guardia
Escocesa

Si bien la masonería escocesa no fue establecida hasta 1736 como
Gran Logia, existen abundantes pruebas que demuestran que la
masonería había existido en Escocia desde hacía mucho tiempo atrás.
Incluso si dejamos a un lado las nuevas evidencias de Rosslyn,
existen actas de las reuniones de las logias que se remontan a 1598,
y actas sobre Jacobo VI de Escocia en las que es inciado en la Logia
de Perth y Scoon en 1601, dos años antes de que se trasladara a
vivir a Londres, pues como se sabe también reinó en Inglaterra con el
nombre de Jacobo I.

Cuando en 1717 se estableció la Gran Logia de Londres, los
miembros renegaron de sus orígenes escoceses debido a que tales
orígenes eran demasiado jacobitas para la política censuradora de la
casa de Hannover del momento. Casi un siglo después, se fundó la
Gran Logia Unida de Inglaterra y su nuevo Gran Maestre, el duque de
Sussex y otros hombres que no sabían nada del significado verdadero
de la masonería, hicieron todo lo que pudieron para transformar y
suprimir los rituales de los 33 grados del antiguo Rito escocés, a los
que consideraba ultrajantes, suprimiendo con ello los mensajes
secretos que tan cuidadosamente introdujeron en el primer rito
escocés William St. Clair y otros descendientes de los caballeros del
Temple. Sin embargo, no puede dudarse que tales grados y ritos
(vinculados a los caballeros templarios y a la tradición Rex Deus)
siguen usándose en Escocia, Francia y Norteamérica. Ahora bien, lo
que también es cierto es que el acceso a dichos grados, así como lo
que significan realmente, se halla restringido a una minoría
privilegiada., que para Hopkins, Simmans y Wallace-Murphy son “los
que ya saben, por su nacimiento, y los que han merecido los niveles
de confianza más altos en virtud de sus acciones”.

A pesar de la negación por parte de la Gran Logia Unida de
Inglaterra, el seno de la Masonería contemporánea se desarrolló en
Escocia, tras la desaparición de los Caballeros del Temple, que habían
basado sus propias creencias en las enseñanzas de la primera Iglesia
de Jerusalén. Todas las pruebas señalan a un templario que extrajo
los manuscritos secretos que enterraron los judíos meses antes de
que los romanos, en el año 70 d.C., destruyeran el templo y los
eliminaran. Si nos basamos en esto, en la capilla de Rosslyn,
construida por el conde William St. Clair en 1440, se hallarían las
claves del origen templario de la masonería escocesa, pues no sólo
posee elementos simbólicos entre su abigarrada ornamentación donde
el desorden es sólo aparente -, que aluden claramente a la
masonería, sino también a las familias Rex Deus, al linaje sacro, a la
historia oculta de los caballeros templarios, y a la Jerusalén del siglo

I. Entre lo muchos elementos a los que nos referimos, podemos
comentar un relieve existente entre dos pilares en el exterior de la
capilla, que muestra una ceremonia de iniciación al primer grado de
la Masonería. El candidato, arrodillado, tiene los ojos vendados y
lleva una soga alrededor del cuello, cuyo extremo sostiene un
personaje ataviado con la túnica de los Caballeros del Temple. Sus
pies están colocados en la posición que los candidatos masones
continúan adoptando hoy en día en las ceremonias modernas, y en la
mano izquierda sostiene una Biblia. Este relieve fue realizado
alrededor de 1450, casi doscientos setenta años antes de la fecha en
que, según afirma la Gran Logia Unida de Inglaterra, se inició la
Masonería.
Unos estudios actuales muy interesantes son los llevados a cabo por
sir Laurence Gardner, plasmados en su obra La herencia secreta del
Grial. Gardner, que es prior de la Iglesia celta del Sagrado Linaje de
San Columba, Chevalier Labhràn de Saint Germain y miembro del
Consejo Europeo de Príncipes, es además un experto en genealogía y
mantiene estrechas relaciones con la Casa Real de los Estuardo. Ello
ha posibilitado que para la elaboración de su exhaustivo estudio
sobre ciertas familias de la nobleza europea encuadradas en una
tradición denominada Rex Deus, que nos habla de alianzas entre
antiquísimos linajes europeos que se remontan a Bizancio y a la
Palestina bíblica, el príncipe Miguel de Albany permitiese a Gardner
consultar los documentos de caballería y de la Casa Real estuardista.
Asimismo ha consultado documentos en los Archivos Jacobitas de
Saint-Germain. Del complejo asunto de la tradición Rex Deus
también se han encargado otros investigadores británicos como
Michael Baigent, Richard Leigh, Henry Lincoln, Christopher Knight,
Robert Lomas, Marilyn Hopkins, Graham Simmans y Tim Wallace-
Murphy.

Gardner ha conseguido gracias a ello averiguar cosas tan
interesantes como que en 1128 Hugo de Payens, primer Maestre del
Temple, había pactado con el rey David I de Escocia tras el Concilio
de Troyes en que se fundó el Temple, y que san Bernardo de Claraval
había promovido la integración de su poderosa orden cisterciense en
la Iglesia celta. Lógicamente, este dato convierte ya en algo más que
en mera especulación la tradición que nos habla de un san Bernardo
iniciado en los misterios druídicos, e incluso otorga rango de
veracidad a esa famosa carta número XII (excluida por la Iglesia de
sus Obras Completas), en la que san Bernardo le habla a Hugo de
Payens del bautismo iniciático del Hombre Primordial entre los celtas
y de la “ciudad de los sacerdotes druidas”: Bethphagé (¿Baphomet?).

Siguiendo con el pacto entre Payens y el rey David I, diremos que
este entregó a los templarios los territorios de Ballantrodoch,
adyacentes al estuario de Forth (un lugar conocido a partir de
entonces como el poblado del Temple), estableciéndose al principio al
sur de Esk. Sucesivos monarcas escotos apoyaron y promovieron la
Orden, especialmente Guillermo “el León”. Los templarios recibieron
gracias a ello grandes extensiones de tierras, en su mayoría cerca de
Aberdeen (otro dato importante que explicaría el por qué se
establecieron allí tras pasar a la clandestinidad) y Lothians, así como
Ayr, la zona oeste de Escocia. Tras la batalla de Bannockburn, en la
que ya hemos comentado que participaron los St. Clair, además de
otros miembros de las familias Rex Deus (entre ellos un
Montgomery), los templarios aumentaron su presencia en las zonas
de Lorne y Argyll. A partir de Robert Bruce, que como ya dijimos se
convirtió en soberano y Gran Maestre de los templarios escoceses,
todo sucesor Bruce y Stewart (Estuardo) era templario desde el
momento de su nacimiento. En nuestros días, el príncipe Miguel de
Albany, jefe de la Casa Real de los Estuardo y descendiente directo
de Robert Bruce, ostentaría tal condición.

Dice Gardner: “Los libros de historia actuales y las enciclopedias
afirman casi unánimemente que los templarios desaparecieron en el
siglo XIV. Pero se equivocan. La Orden de Caballería del Templo de
Jerusalén (distinta de la de los masones templarios, creada con
posterioridad) continúa floreciendo en la Europa continental y en
Escocia”… Y nosotros sospechamos, por la mención que en el
apartado de agradecimientos Gardner hace de la Ordo Supremus
Militaris Templi Hyerosolymitani (OSMTH), quienes se hallan detrás
de esa “Orden de Caballería del Templo de Jerusalén” a la que se
refiere…

En 1593 el rey escocés Jacobo I de Inglaterra (que reinó en Escocia
como Jacobo VI tras suceder a su madre María Estuardo) fundó la
Orden de San Andrés del Cardo. Indicar que el cardo era el emblema
de Escocia y san Andrés el supuesto evangelizador. En ese mismo
año fundó también la Rosa Cruz Real con treinta y dos caballeros de
la citada Orden de San Andrés del Cardo. Jacobo era en ese
momento Gran Maestre de los masones operativos de Escocia.

Habiendo sido olvidada a falta de un reclutamiento valedero, o
ratificada en secreto, la Orden de San Andrés del Cardo fue
restablecida en 1687 por el rey Jacobo II, antes de su exilio en
Francia. Es de esta forma como aparecería abiertamente una orden
masónica en 1659 denominada Orden de los Maestros Escoceses de
San Andrés, probablemente fundada por el general Monck, que era
un masón aceptado. El grado de Maestro Escocés de San Andrés, que
durante mucho tiempo se mantuvo en secreto, encabeza la
masonería jacobita, es decir estuardista, a partir del siglo XVII. El
grado es único y sucede al de Maestro Masón ordinario, aunque
eventualmente.

Tanto en las Ordenanzas Generales de 1743 de la Gran Logia de
Francia (con filiación masónica jacobita), como en la obra del abate
Calabre-Péreau, L´Ordre des Franc-Maçons trahi et leur secret révélé
(La Orden de los Francmasones traidores y su secreto revelado),
fechada en Amsterdam en 1744, aparecen dos testimonios muy
importantes sobre la existencia de una Orden de los Maestros
Escoceses, especie de masonería superior que no revela sus objetivos
ni sus orígenes, y que no son otros que los Caballeros de san Andrés,
es decir, los partidarios de los Estuardo, que disimulan sus raíces
para infiltrase más fácilmente en la masonería francesa.

Indicar que en España, el movimiento conocido como de los
Alumbrados, sinónimo de Illuminati, derivó también de las primitivas
logias masónicas seguidoras de los Estuardo.

En el manuscrito de Devaux d´Hugueville, Instrucción general del
grado de Caballero Rosa-Cruz”, fechado en 1746, se hace constar
que en el siglo XVIII se encontrará el grado de Maestro Escocés de
San Andrés asociado al nuevo grado llamado Rosa Cruz, el cual porta
diversos títulos: “Caballero Rosa Cruz”, “Caballero del Águila”,
“Caballero del Pelícano”, “Masón de Heredom” y “Caballero de San
Andrés”. Según Ambelain, el ritual de esta orden evoca la
reconstrucción del Templo de Jerusalén por Zorobabel y sus
Compañeros, cuando regresó del exilio en Babilonia. En secreto,
evoca también al retorno a Gran Bretaña después del exilio en
Francia, con la restauración de los Estuardo.

Por su parte, el historiador A. Sinclair apunta que “los templarios se
identificaron con los constructores guerreros de Zorobabel, que
convencieron al rey Darío de que permitiese la reconstrucción del
Templo de Jerusalén. Heredaron de los gnósticos y de san Juan la
creencia de que el Templo era el centro místico del mundo; así se
resistían secretamente al poder y a la autoridad de los papas y de los
reyes de Europa. Los emblemas de color blanco y negro de su orden,
una cruz octogonal roja sobre un hábito blanco, manifestaban su
gnosticismo y su maniqueísmo, la creencia en la lucha continua en el
mundo del demonio contra la Inteligencia de Dios. Legaron a los
masones los losanges blancos y negros y los mosaicos dentados de
sus logias. Y antes de morir el último de los grandes maestres,
Jacques de Molay, “organizó” e instituyó la que después se llamaría
masonería oculta, hermética, o del Rito Escocés”.

Un hecho significativo de toda esta relación que encontramos entre
los monarcas escoceses exiliados en Francia, ha sido la tradicional
colaboración militar franco-escocesa, derivada natural de la auld
alliance, o “vieja alianza”, que se inició con el tratado de 1326 entre
Robert Bruce y Carlos IV de Francia. Esta colaboración se mantuvo
durante la guerra de los Cien Años y aun siglos después. Fueron
tropas escocesas las que desempeñaron un relevante papel en las
campañas conducidas por Juan de Arco y se distinguieron en el sitio
de Orléans. La influencia escocesa en Francia por aquel entonces fue
notable. Reseñable es incluso la posterior creación de un ejército
permanente por parte de Carlos VII - primero en su especie que
existió en Europa tras la desaparición del Temple -, cuyo regimiento
de élite era la Compagnie des Gendarmes Écossais. Con ello se
honraban más de 100 años de servicios distinguidos de las tropas
escocesas a la corona francesa, que culminaron en 1424 durante la
sangrienta batalla de Verneuil, donde cayó aniquilado casi todo el
contingente escocés al mando de John Stewart, conde de Buchan.
Este acto colectivo de valor y la lealtad durante tanto tiempo
demostrada, llevaron a la creación de una unidad especial de tropas
escocesas encargadas a la protección personal del rey de Francia,
conocida como Garde Ecosse (Guardia Escocesa). Todos los oficiales
y comandantes de esta Guardia tuvieron además el honor de ser
recibidos en la Orden de San Miguel, de la que poco después hubo
una rama en Escocia.

La Guardia Escocesa, a diferencia de otras órdenes caballerescas
europeas de militancia teórica, como las de la Jarretera o la del
Toisón de Oro, fue una orden militar auténtica, que además de
acciones de guerra desempeñó importantes labores en el ámbito
político y diplomático.

Las similitudes entre la Guardia Escocesa y los Templarios, en todos
los sentidos, es muy significativa, hasta el punto de que la Guardia
Escocesa reclutó a sus oficiales de entre las más nobles familias de
Escocia, algunas de las cuales habían apoyado siglos atrás el ascenso
al trono escocés de Robert Bruce y promovido la independencia de su
país, como los Seton, los St. Clair, los Stewart o Estuardo, los
Montgomery, los Hamilton… Curiosamente, estas familias estaban
íntimamente vinculadas con el Temple y con Rex Deus, e incluso en
1689 podía apreciarse en el entorno de los Estuardo una Orden de
templarios que combatía en nombre de los reyes escoceses y cuyo
Gran Maestre era el vizconde de Dundee, John Claverhouse.

Baigent y Leigh refieren el caso de un Montgomery contemporáneo
que les habló orgulloso de la antigua relación de su estirpe con la
Guardia Escocesa y de la existencia dentro de la familia de una orden
de caballería de tipo neomasónico y acceso restringido llamada Orden
del Temple, a la que todos los varones Montgomery tenían derecho a
entrar por el mero hecho de serlo. Este detalle sin duda recuerda al
sistema hereditario establecido por Robert Bruce en el Temple
clandestino.

V. Del Rito Escocés de Ramsay al Rito Escocés Rectificado

El origen de los grados y ritos masónicos es difícil de establecer, y
son muchos y variopintos. Por eso trataremos aquí brevemente los
que nos interesan por su posible vinculación con el Temple, y que no
siempre son los grados y ritos engalanados con el título de Escocés,
ya que casi ninguno de estos tiene que ver con Escocia y ni siquiera
en dicho país se practican.

Aunque durante el siglo XVIII ya fueron apareciendo grados
superiores -aparte de los tres clásicos del simbolismo masónico de
Aprendiz, Compañero y Maestro -, que luego pasarían a formar parte
preferente del llamado Escocismo, con la restauración monárquica y
la subida al trono inglés de Carlos II la masonería fue poco a poco
recuperando sus antiguos cauces, si bien se mantuvieron los grados
superiores creados (Maestro Secreto, Perfecto y Elegido).

Un año determinante en la masonería decimonónica, que sin duda
marcó un antes y un después, fue el de 1724, en el que el baronet
escocés Andrew Mitchell Ramsay, más conocido como Chevalier
Ramsay, propuso a la Gran Logia de Inglaterra un sistema que
comprendía la adopción de tres grados superiores: Escocés, Novicio y
Caballero del Templo. Esta propuesta, que buscaba en el Temple
raíces prestigiosas para la francmasonería, fue rechazada por la Gran
Logia inglesa, mas sin embargo tuvo gran acogida en Francia. Estos
grados fueron los precursores de la gran cantidad de sistemas de
toda índole que fueron apareciendo después. La reforma de Ramsay
al parecer sólo tenía por objeto la restauración de los Estuardo, o el
fortalecimiento del catolicismo en Inglaterra.

En 1755, el conde de Clermont y príncipe de sangre real, Luis de
Borbón-Condé (que por cierto consta como Gran Maestre del Temple
en la Carta de Larmenius a partir de 1741), sustituye al duque de
Antin como Gran Maestre de la masónica Gran Logia de Francia. En
ese momento Luis de Borbón gobierna en París una logia de tan
significativo nombre como Saint-Jean-de-Jerusalem. Posteriormente
firma unos Estatutos que servirán de reglamento para todas las
logias del reino de Francia, en los que se reconoce el nuevo grado de
Maestro Escocés. Estos Estatutos precisan además que sólo los
Maestros de logia y los Maestros Escoceses tendrán en adelante el
privilegio de permanecer cubiertos en el interior de la logia. No
obstante, los Maestros Escoceses aventajarían a los meros Maestros
de logia, pues se les encomendó la misión de inspeccionar los
trabajos de las logias y restablecer el orden en caso necesario. Esta
misión se convertirá después en el privilegio de los que ostentan el
grado de Maestro Escocés de San Andrés o de Caballero Rosa Cruz en
el Rito Escocés Rectificado o en el Rito de Memphis-Misraïm, los
cuales mantuvieron este uso antiquísimo.

Del Rito de Memphis (fusionado desde 1908 con el de Misraïm), decir
que se constituyó en Francia en el siglo XIX, tras la expedición de
Napoleón a Egipto, en la que participaron varios científicos masones.
Su fundador, Marconis de Négre, sostenía que los templarios,
antepasados directos de la masonería, habían recibido su doctrina
esotérica de una hermandad oriental fundada por “un sabio egipcio
de nombre Ormus, sacerdote de Memphis, convertido al cristianismo
por san Marcos”. Este Rito no sólo se le supondría continuación de los
misterios egipcios, sino también de la India.

En 1772 se disolvió en Francia la Gran Logia, fundándose
posteriormente el Gran Oriente de Francés, el cual no aceptó más
que los tres grados simbólicos del Rito Inglés, a los que denominó
Rito Francés. En cuanto a la joya masónica emblemática del grado de
Maestro Escocés de San Andrés, dejó de ser la misma una vez
integrado en el nuevo Rito Francés que suplantó al Rito Escocés
Primitivo, el cual había sido llevado a Francia por las logias militares
estuardistas. Mucho más esotérico es el que adoptará en 1778 en el
Convento de Lyon, constitutivo del Rito Escocés Rectificado: “En el
anverso, una corona real sobre la que figura la Cruz paté encerrada
en un Sello de Salomón (estrella de seis puntas) flamígero. En el
centro, la letra mayúscula H, entre el compás, la escuadra, el nivel y
la plomada. En el reverso representa a san Andrés en su Cruz en
forma de X. La letra H puede significar Hiram o Heredom, la ciudad
mística de la masonería escocesa”.

Sobre el Rito Escocés Rectificado, quizá una de las últimas
manifestaciones del templarismo masónico, cabe decir que tiene su
origen en la Estricta Observancia Templaria del barón Karl Von Hund,
gran señor de Lipse, tras la que al parecer se encontraría la tradición
del Caballero d´Aumont que huyera a Escocia en los tiempos de la
persecución. Esta tradición, de hecho, tuvo especial acogida en la
masonería alemana.

En el denominado Capítulo de Clermont, que se practicó en Alemania
entre 1758 y 1764, y era antecedente directo de la Estricta
Observancia Templaria (E.O.T), se proponía ya dos altos grados de
carácter esotérico: Caballero de San Andrés del Cardo y Caballero de
Dios y de su Templo.

Como dijimos al principio de este escrito, hay fuentes masónicas que
atribuye a los jesuitas la creación de la Estricta Observancia. Al
respecto son de gran interés los apuntes de René Guénon en su
artículo La Estricta Observancia y los Superiores Desconocidos,
incluido en sus Estudios sobre la Francmasonería y el Compañerazgo,
obra fundamental a la cual remitimos. Para Guénon, no obstante,
esto parece algo obsesivo, pero en caso de ser cierto tendríamos que
los jesuitas, de una u otra forma, habrían intervenido en fraguar las
dos principales filiaciones templarias, la de Larmenius y la de los
escoceses.

Lo cierto es que este régimen masónico y templario de la Estricta
Observancia tiene su origen en la iniciación que Von Hund recibió en
Francfort en 1742, y en la concesión de los altos grados templarios,
en 1743, en el Capítulo de Clermont en París, por parte del príncipe
Carlos Eduardo Stewart (Estuardo), que se encontraría exiliado en
Francia. Como quiera que se ha demostrado que no había ningún
Estuardo en París por esa fecha, muchos autores, entre ellos el
propio René Guénon, deslegitimaron toda esta historia. Sin embargo,
nuevas evidencias encontradas en los archivos de la Stella Templum
(grupo escocés que se reclama también heredero de la Orden del
Temple), y que recogen Baigent y Leigh en El Templo y la Logia, y
Hopkins, Simmans y Wallace-Murphy en Los hijos secretos del Grial,
apuntan a que no fue Carlos Estuardo el que inició a Von Hund en los
altos grados templarios, sino que se trataría de otro templario
escocés ligado a Rex Deus; nos estamos refiriendo al conde de
Eglinton, Alexander Montgomery, lo cual es significativamente
plausible, pues recordemos la relación de los Montgomery con los
Estuardo desde la época de Robert Bruce... Este templario no sería
otro que el famoso Eques a Penna Rubra (Caballero de la Pluma
Roja), que Von Hund había confundido con un Estuardo al comprobar
que alguno de los presentes, posiblemente Lord Kilmarnock, se
dirigía a él como “Stewart” o “Steward” (Senescal). Y es que ese era
precisamente su rango en la Orden del Temple.

Posteriormente Von Hund se hizo otorgar el título de Gran Maestre de
los templarios, lo cual originó algunas protestas en el mundo
masónico. En cualquier caso, creó la Estricta Observancia Templaria,
a la que con el tiempo pertenecerían figuras de la talla de Mozart,
Haydn o Goethe, y declaró haber recibido la misión de reformar la
francmasonería alemana y reconstruir la Orden del Temple, suprimida
en 1314 por el papa Clemente V. Esta misión, según él, la habría
recibido de unos “Superiores Desconocidos”, que es precisamente
donde algunos masones, como Ribeaucourt, han visto a los jesuitas,
incluso se ha pretendido ver en las iniciales S.J. o S.I. características
de la Societas Iesu las de “Superiores Desconocidos” (“Superiors
Inconnu” en francés).

Von Hund introduce en sus rituales una doble leyenda: 1ª) su
obediencia, la masonería rectificada, procede de la Orden del Temple;
2ª) la masonería escocesa es la obra de los Estuardo destronados
(leyenda llamada jacobita).

Tras una expansión considerable, una fusión con la Clericatura del
ministro protestante Starck, la creación de altos grados muy secretos
reunidos en torno a un llamado Colegio Metropolitano y otros
acontecimientos más o menos tempestuosos, Von Hund fallece en
1776. En 1782, la Estricta Observancia celebra un Convento en el
que, entre otras conclusiones, se llega a la de que la filiación
templaria solamente tiene un significado moral, místico cristiano. Es
entonces cuando el duque Fernando de Brunswick se convierte en el
jefe del nuevo sistema con el título de Gran Maestro General de la
Orden de los Caballeros Bienhechores y de la Masonería Rectificada.

Sin embargo, hacia 1786 el duque Fernando se desentiende
totalmente de la Orden, y hacia el año 1806 ya no existe
prácticamente la Estricta Observancia Templaria. Sin embargo, antes
de esa fecha, entre 1774 y 1782, se había gestado en Francia el
Régimen Escocés Rectificado por parte de dos grupos de masones de
Lyon y Estrasburgo, entre los que cabe citar a Jean y Bernard
Turkheim y Rodolphe Saltzmann, de Estrasburgo, y sobre todo a
Jean-Baptiste Willermoz, de Lyon, quien fue el artífice del Régimen y
dio forma a la doctrina del Rito.


Entre los orígenes y fuentes del Régimen Escocés Rectificado
tenemos a la Estricta Observancia Templaria, también denominada
“Masonería Rectificada” o “Reformada de Dresde”, que era el sistema
alemán que implantó Von Hund, y en el que el aspecto caballeresco
primaba absolutamente sobre el aspecto masónico. Como ya dijimos,
la Estricta Observancia no sólo pretendió ser la heredera, sino
también la restauradora de la antigua Orden del Temple abolida en
1312. Sin embargo, el Rito Escocés Rectificado no aspira a ser tanto,
y únicamente se conforma con erigirse en detentador de una
tradición espiritual templaria, mas en ningún caso de una filiación
histórica. Hoy día este rito de masonería cristiana se sigue
practicando en varias obediencias, entre ellas en la masonería regular
española.


Podemos decir que, en lo que al aspecto “visible” se refiere, el Rito
Escocés Rectificado representaría el último eslabón de una cadena de
transmisión entre los templarios medievales y la masonería. Sin
embargo, ¿existirán en nuestros días otros eslabones no tan
“visibles”?...


BIBLIOGRAFÍA:

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Barcelona, 1998.

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VIDAL, C., Enciclopedia de las religiones, Planeta, Barcelona, 1997.

VV.AA., Antiguos documentos de la Masonería (recopilación de
documentos antiguos de la Masonería):

Manuscrito Grand Lodge nº 1 (1583)
Manuscrito de Edimburgo (1696)
Manuscrito Dumfries nº 4 (1710)
Manuscrito Kewan (1714-1720)
La Institución de los Franc-Masones (1725)
Manuscrito Graham (1726)
John Tillotson: La Masonería según las Escrituras (1737)
Diálogo entre Simón y Felipe (1740)
Manuscrito Essex (1750)


YATES, F., El Iluminismo Rosacruz, F.C.E., México, 1999.

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Re: TEMPLARIOS Y MASONES, LA CONEXION ESCOCESA

Mensaje por Admin el Lun Sep 13, 2010 4:29 pm

CRONOLOGIA TEMPLARIA

1091 Nace san Bernardo de Claraval.

1095 Urbano II proclama la I Cruzada.

1099 Godofredo de Bouillon toma Jerusalén.

1104 Hugo de Champaña va por primera vez a Tierra Santa.

1108 Hugo de Champaña va por segunda vez a Tierra Santa.

1110 Presencia de Hugues de Payns en Tierra Santa.



1113 San Bernardo se une a Citeaux.

1114 Tercer viaje de Hugo de Champaña a Tierra Santa.

1115 Hugo de Champaña ofrece terrenos al Císter.

1118 Hugues de Payns y ocho caballeros se asocian con el objetivo de proteger a los peregrinos en Tierra Santa. Presentación ante Balduino II.

1120 La cofradía adopta el nombre de "Pobres Caballeros de Cristo".

1124 Hugo de Champaña se une a los templarios en Jerusalén.

1128 El concilio de Troyes encarga a san Bernardo las reglas de la Orden de los templarios. "Elogios de la nueva caballería templaria"

1129 Fundación de la Orden del Temple el 14 de enero en el concilio de Troyes.

1130 La Orden se convierte en el ejército regular del reino de Jerusalén.



1136 Muere Hugues de Payns; le sucede Robert de Craon.

1138 Primer hecho de armas en Tierra Santa: derrota en Teqoa frente a los turcos. Los templarios son exterminados.

1139 Omne datum optimum, bula del papa Inocencio II que dota a la Orden de numerosos y exclusivos privilegios.

1142 Los templarios reciben el emblema de su cruz.

1144 Se proclama la II Cruzada.

1145 Nuevas bulas de Inocencio II, Milites templi y Militia Dei, entre estos nuevos privilegios se les permite construir castillos y oratorios propios.

1148 Euvard des Barres, Maestre de la Orden, y sus templarios salvan al rey Luis VII en el monte Kadmos.

1150 Nuevo Gran Maestre del Temple: Bernard de Trémelay.

1153 Eugenio III les entrega la cruz roja sobre el hábito distintivo de la capa blanca.

Toma de Ascalón y muerte del Maestre Bernard de Trémelay y cuarenta de sus templarios.



Muere Bernardo san Bernardo de Claraval.



1166 Doce templarios son ajusticiados por haber entregado una fortaleza al Islam.

1177 Ochenta templarios participan en la batalla de Montgisard, ganada a Saladino por Balduino IV, rey de Jerusalén.

1187 Se proclama la III Cruzada. En la batalla de Hattin, ciento cuarenta templarios al mando de Gérard de Ridefort son hechos prisioneros y ejecutados por Saladino; Ridefort es perdonado. Saladino toma Jerusalén.

1191 Los templarios conquistan Chipre.

1202 Se proclama la IV Cruzada.

1215 Se proclama la V Cruzada.



1219 El 5 de noviembre, heroica participación de los templarios, al lado de los cruzados de Juan de Brienne, en la conquista de Damieta en el delta del Nilo.

1223 Se proclama la VI Cruzada.

1231 Posiblemente los templarios negocian en secreto con el Sultán de Damasco la devolución de Jerusalén.

1244 Desastre de la Forbie, el 17 de octubre, en el asedio de Gaza: de 348 templarios sólo escapan 36. Derrotas y conflictos en Tierra Santa, victorias sin precedentes en la Península Ibérica.


Chinon

1248 Se proclama la VII Cruzada.

1250 El 8 de febrero, Guillaume de Sonnac, Maestre de la Orden, muere en la batalla de al-Mansura.

1254 Pérdida de la séptima cruzada a Tierra Santa. Gregorio X intenta fusionar las órdenes del Temple y el Hospital sin éxito ante las negativas del Maestre Jacques de Molay y el rey de Aragón.

1268 Se proclama la VIII Cruzada.

1291 Caida de San Juan de Acre y pérdida definitiva de Tierra Santa, tras una última y desastrosa octava cruzada. Guillaume de Beaujeu muere en el asedio de Acre y la élite de la Orden es aniquilada.

1294 Jacques de Molay, último Gran Maestre del Temple.

1297 El Temple presta 2.500 libras a Felipe el hermoso.

1298 El Temple presta 50.000 libras a Felipe el hermoso.



1301 Entrevista de Molay con Ramón Llull en Chipre.

1304 Se calcula que el Temple tiene 30.000 miembros.

1305 Primera denuncia contra los templarios..

1307 El 13 de octubre, detención de los templarios en toda Francia. El 24 de octubre es juzgado el Maestre Jacques de Molay.

1310 Los templarios juzgados en Castlla y Portugal son absueltos. En Francia, 54 templarios son condenados a muerte.


Ramon Llul

1312 El 3 de abril, la bula Vox clamantis disuelve la Orden del Temple. Los bienes son transferidos a la Orden del Hospital. Concilio de Tarragona y absolución de los templarios catalano-aragoneses.

1314 Acaba el proceso inquisitorial contra la Orden, el 18 de marzo, con la quema en la hoguera de los Maestres Jacques de Molay y Geoffroy de Charnay en París. También morirán Felipe el Hermoso y el Papa Clemente V.

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