CUBA Y LA MASONERÍA
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LA ACACIA

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LA ACACIA

Mensaje por Admin el Miér Jul 27, 2011 3:52 pm







La acacia es un árbol espinoso, de la famillia de las leguminosas-mimosas
(Acacia Dealbata).

En la Antigüedad era considerada un símbolo solar, puesto que sus hojas se abren con la luz del sol del amanecer, y se cierran al ocaso; su flor imita el disco del sol.

Hubo, además, otros árboles por los que también se sintieron vinculaciones especiales:
el muérdago (entre los druidas celtas), el ramo o las palmas (en el Cristianismo), el
sauce (en el taoísmo).





En la cultura hebrea, la acacia (shittah) ya se menciona en el Antiguo Testamento, con Moisés: se utilizaba para la construcción de los elementos más sagrados (Arca, Mesa, Altar), debido a sus características de imputrescibilidade.

También tres de los cuatros Evangelistas la mencionan: Mateo, Marcos y Juan,
relacionándola a la “coronación de Jesús”.

En la antigua Numidia su nombre era Houza (de la que se cree que procede la palabra "Huzé"). También es llamada Hoshea, palabra sagrada usada en un capítulo del
REAA.

Los egipcios también la tenían como planta sagrada; es de la que habla la leyenda de Osiris.





La acacia mimosa -cuyas flores parecen pequeñas bolas de oro- está dedicada a
Hermes-Mercurio; sus ramos floridos recuerdan la célebre “Rama Dorada” de los
antiguos misterios.

Entre los rosacruzes, así como en algunos ritos masónicos ya desaparecidos, se
enseñaba que la acacia había sido la madera utilizada en la confección de la cruz, donde Jesús fue ejecutado.





La acacia es la planta símbolo por excelencia de la Masonería. Representa la
seguridad, la claridad, y también la inocencia o pureza; es símbolo de la verdadera
Iniciación para una nueva vida, la resurrección para una vida futura. Su verdor perenne y la dureza incorruptible de su madera expresan, en efecto, la idea de la vida
inextingible que permanentemente renace victoriosa de la muerte.

La leyenda de Hiram Abif, -la del Tercer Grado- nos cuenta que, al caer la noche, lo condujeron hacia el monte Moria, donde lo enterraron en una sepultura que habían cavado y señalado con un ramo de acacia. Cuando, extenuados, los exploradores
enviados por el rey Salomón llegaron al punto de encuentro, sus semblantes
desencajados sólo expresaban la inutilidad de sus esfuezos. Cayendo literalmente
fatigado un Maestro intentó asirse a un ramo de acacia comprobando, para su sopresa, que el ramo se soltó de su mano, pues había sido enterrado en la tierra hacía poco tiempo removida. Ese ramo de acacia creó vida propia, creció y se transformó en el mayor símbolo del Grado de Maestro Masón.

En otra versión, los Maestros Masones que habían ido en busca de Hiram Abif
encontraron un montículo de tierra, recientemente removida, que parecía cubrir un
cadáver; plantaron allí un ramo de acacia para reconocer el lugar. Y en una tercera
versión la acacia habría brotado del cuerpo del Maestro muerto, anunciando la
resurrección de Hiram.

La acacia simboliza el conocimiento de los secretos de los "verdaderos maestros
masones", de ahí que se la identifique con la posesión efectiva de la maestría, como bien se dice en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Muchos investigadores sobre francmasonería se han interesado por el significado
simbólico de la acacia.

Albert Gallatin Mackey, Bernard E. Jones o Jules Boucher, por ejemplo, resaltan
que simboliza la Inocencia y la iniciación; el griego akakia también es usado para
definir cualidad moral, inocencia o pureza de vida. Del masón que ya “conoce la
Acacia” se espera una conducta pura y sin mácula.

Oswald Wirth, por su parte, dice que "conocer la acacia" es poseer las nociones
iniciáticas conducentes al descubrimiento del secreto de la Maestría. Para asimilar este
secreto el adepto debe hacer revivir en él la muerta sabiduría.

Aldo Lavagnini comenta que "sólo los maestros conocen la acacia, reconociendo la realidad de la vida en la apariencia de la muerte, y por consiguiente sólo los maestros poseen la capacidad de vivificar otra vez el cadáver y volverlo a la plena vida".
Para René Guénon las espinas de la acacia equivalen a los "rayos luminosos"; de
ahí el carácter eminentemente solar que conserva esta planta.

_________________
Pedro P. Dollar:.
Por Cuba, con Dios y la Masoneria
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