CUBA Y LA MASONERÍA
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EL GRAN ORIENTE DE CUBA Y LAS ANTILLAS EN LA REGION ORIENTAL DE CUBA

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EL GRAN ORIENTE DE CUBA Y LAS ANTILLAS EN LA REGION ORIENTAL DE CUBA

Mensaje por Admin el Sáb Ago 29, 2015 10:12 pm

EL GRAN ORIENTE DE CUBA Y LAS ANTILLAS EN LA REGION ORIENTAL DE CUBA


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Colaboración enviada por el VH Orlando González 33

 


El movimiento revolucionario que ya se gestaba en estos años (1862) era el resultado genuino del acercamiento de todos los desplazados o explotados por las alianzas de poder: terratenientes centro-orientales, pequeña y mediana burguesía de las ciudades y el campo, campesinos, profesionales, artesanos, obreros, negros y mulatos libres, y la masa irredenta de esclavos; incluso, españoles asimilados a la tierra de sus hijos que también eran explotados.
 
Las necesarias concesiones realizadas por Serrano, Gobernador Superior Civil, incluyeron una amnistía política que permitió, a partir de 1861, el retorno a Cuba de muchos de los exiliados políticos. La agitación independentista continuó desarrollándose. Entre los que retornaron estaba el médico cubano Vicente Antonio de Castro, activo conspirador a quien, tres años antes, las autoridades españolas habían catalogado de “Presidente de los Enemigos del Gobierno de S. M.”. De inmediato fundó un cuerpo irregular masónico, Gran Oriente de Cuba y Las Antillas (GOCA). El carácter secreto de la organización y el proyecto patriótico, democrático, laico y republicano contenido en sus textos, que no eran los de las organizaciones masónicas, garantizó un medio para la generalización y cohesión del movimiento en toda las Isla. Los dirigentes masónicos norteamericanos expresaron: “Yo no juzgaría al cuerpo creado por él con títulos para ser reconocidos, sino más bien repudiado como Club Central de Jacobinos”.
 
Entre 1862 y 1868, el GOCA se extendió a toda la Isla. En las principales ciudades, pueblos y villas surgieron Logias. A ellas pertenecían: Una juventud ilustrada, fogosa y elocuente y una pléyade de hombres probados ya en las luchas del saber y aún de la administración acudieron presurosos al templo masónico, ávidos de luz y progreso (…) y el fuego vivo de mil y mil discusiones apasionadas y candentes, donde no había tema vedado a la fecunda inteligencia de aquellos bravos y nuevos adalides de la idea (…), convirtieron las Logias en palenque de investigaciones sociales y política; ya no hubo modo de contener el torrente impetuoso de las aspiraciones juveniles. De Castro introducía en los trabajos de la Fraternidad un elemento que todas sus leyes antiguas y modernas alejan de ella en absoluto: el elemento político.
 
Para comprender la magnitud y las características del proceso que se desarrollaba, debe partirse de la forma en que se fue creando la red nacional de Logias del GOCA. Se conoce de la existencia, por lo menos, de unas 22 Logias relacionadas con el mismo. La costumbre de agregar al nombre de las Logias un número, que reflejaba el orden consecutivo de su creación, permite formarse una idea de cómo se incubó este proceso. Todo parece indicar que se siguió una estrategia, lógica y bien concebida, que perseguía penetrar todo el territorio insular. De esta manera, la irradiación en la región occidental se inició en La Habana, donde se crearon las tres primeras. En las mismas militaron muchos de los que de un modo u otro se unieron o respaldaron el movimiento revolucionario, y a ellas se añadieron las de Trinidad, Cienfuegos y Matanzas. De estas Logias surgieron otras nuevas. En las primeras de estas ciudades funcionó la Logia “Luz del Sur”, que agrupó a los revolucionarios de la zona y cuyo Venerable Maestro fue el destacado jefe militar de las Guerra de los Diez Años, Federico Cavada. Entre los que militaron en esta se encontraba Juan Bautista Spotorno, también activo participante en esa contienda. Fue tan conocida la actividad de esta Logia en los preparativos insurreccionales que tuvo que trasladar sus reuniones a la cueva “Cantoja”, en las cercanías de la ciudad. La Logia de Cienfuegos estaba bajo la dirección del Hermano Cavada. A las anteriores se sumaron las de Santa Clara, Remedios y Sagua la Grande. Según la Autobiografía de Eduardo Machado – una de las destacadas figuras del movimiento independentista -, al constituirse el Comité Revolucionario de Las Villas, este lo hizo dentro de la organización de las Logias, por lo que fue necesario iniciar en el GOCA a aquellos que no eran miembros de este.
 
Con posterioridad se fundaron Tínima, en Puerto Príncipe, y las dos Logias de Santiago de Cuba. A estas últimas pertenecían Exuperancio Álvarez y José Asencio de Asencio, quienes iniciaron a Maceo en la conspiración independentista. Con ellas quedaban establecidos los centros que permitirían ampliar las ramificaciones del GOCA. Se trataba de núcleos conspiradores que preparaban los estallidos revolucionarios en sus respectivas regiones con mayor o menor decisión.
 
La Logia Tínima No. 16, cuyo Venerable Maestro era Manuel Ramón Silva Barbieri, constituía el fermento revolucionario de Camagüey. Fue tan conocida su actividad revolucionaria que empezó a ser objeto de persecución por las autoridades españolas, por lo cual tuvo que trasladar sus reuniones a una cueva de la Sierra de Cubitas. Cuando el 4 de noviembre de 1868 se produjo el levantamiento en armas de esta región en el Paso de las Clavellinas, de los 76 insurrectos, 72 eran miembros de Tínima. Baste citar los nombres de Salvador Cisneros Betancourt, Eduardo Agramante, Augusto y Napoleón Arango, Carlos Loret de Mola, Bernabé Varona (Bembeta), entre otros, marcaron el inicio y continuación de la revolución en Camagüey.
 
Un proceso más tardío, y sin embargo más dinámico, es el surgimiento del grupo del interior de la antigua región oriental. Vicente Antonio de Castro nombró al profesor del Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago de Cuba, Manuel Ramón Fernández, su representante personal para la creación de las Logias. La primera fue la de Bayamo, Estrella Tropical No. 19, constituida en agosto de 1866 en casa de Pedro (Perucho) Figueredo, autor del Himno Nacional. Su Venerable Maestro fue Francisco Maceo Osorio. Al acto de fundación, junto al santiaguero Manuel Ramón Fernández, asistió el camagüeyano Leopoldo Arteaga, miembro de Tínima. Pocos días después, el 14 de ese mes, esta dirección de la Logia se constituía en el Comité Revolucionario de Bayamo.
 
 Dos testimonios de fuentes bien distintas permitieron conocer que el movimiento revolucionario no fue el resultado del fracaso reformista, sino que se gestó independiente y paralelamente a él. Calixto García aclaró: Fundaron en Bayamo una Logia que con el nombre de masonería encubriera la conspiración que se tramaba; y el teniente coronel español Dionisio Novel e Ibáñez, por entonces en Bayamo, expresó: Es un hecho de todos conocidos, que como dos años antes de estallar la revolución de Bayamo, se venía conspirando en aquel país más o menos abiertamente, si bien con el supuesto carácter de sociedad masónica.    
 
Durante ese año concurrieron a “Estrella Tropical” para afiliarse, las principales figuras del movimiento conspirativo en las otras poblaciones de la región; Manzanillo, Holguín, Tunas, Jiguaní y Guisa. Entre ellas estaban Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, Jaime Santiesteban, Manuel de Jesús (Titá) Calvar, Agustín Valeriano, Vicente García, Francisco Muñoz Rubalcava, Belisario Álvarez, Julio Grave de Peralta, Jesús Rodríguez y Donato Mármol, quienes llevaron a sus respectivas ciudades y, a la vez, los núcleos conspirativos en cada una de ellas.
 
No se conoce lo suficiente el surgimiento de algunas de estas Logias, como la de Tunas, creada por Francisco Muñoz Rubalcava y Vicente García, y la de Juguaní, en la que se encontraban Donato Mármol y Máximo Gómez. Sin embargo, hay constancia del modo en que se constituyeron las de Holguín y Manzanillo. En la primera de estas dos ciudades, se fundó la Logia “Sol de Oriente”, que pocos días después cambió de nombre por el de “Hijos de la Viuda”, el 2 de septiembre de 1867. Viajaron a esa ciudad para su constitución dos santiagueros y el bayamés Francisco Vicente Aguilera. Recayó en el abogado Belisario Álvarez Céspedes la dignidad de Venerable Maestro, quien, además, fue el principal organizador de los conspiradores de la zona. Entre sus miembros estaban Francisco y Julio Grave de Peralta, Limbano Sánchez y Calixto García.
 
La más notable de las Logias surgidas en la región oriental fue la “Buena Fe” de Manzanillo. Su constitución, también bajo la presencia de Manuel Ramón Fernández, se llevó a cabo en el mes de abril de 1868. Su Venerable Maestro fue Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, devenido “Padre de la Patria”, quien a la cabeza de los manzanilleros produjo el “Grito de la Demajagua” con el cual se iniciaría la Revolución del 1868. Sus 37 miembros formaban, de un modo u otro, parte del proceso conspirativo y entre ellos se destacaban el hermano de Carlos Manuel, Francisco Javier, Bartolomé Masó, Eligio Izaguirre, Manuel Anastasio Aguilera y Porfirio Tamayo.
 
Las diferencias entre el movimiento independentista y el reformista pueden constatarse al comparar el primer editorial del diario “El Siglo” y los contenidos del programa del GOCA. Este último proclamaba las bases “fundamentales del bien público”:
 
1.     Soberanía del pueblo.
2.     Libertad del trabajo.
3.     Contribución directa.
4.     Liberta religiosa.
5.     Libertad de la persona.
6.     Soberanía de las naciones.
7.     Derecho de reunión.
8.     Liberta de imprenta.
9.     Libre cambio.
10.        Habeas Corpus.
11.        Juicio por jurado.
12.        Igualdad social.
 
Estos principios eran ampliamente explicados y concluían en la defensa de la soberanía del pueblo, del sistema republicano del Estado democrático y laico, de la libertad de conciencias, en particular de la religiosa, y de la igualdad social. 
 
Todo el sistema se sustentaba en una concepción filosófica racionalista, dirigida contra la escolástica tradicional. Se enseñaba que todo el conocimiento humano debe someterse al “crisol de la Razón”. Pero este racionalismo, a diferencia del de los ilustrados franceses del Siglo XVIII, estaba matizado por el romanticismo: El hombre no puede gobernarse por la Razón pura, pues tiene pasiones, hábitos e intereses radicales, a menudo contrarios a la Filosofía, la Moralidad y la Inteligencia Ilustrada; por lo que el buen legislador debe hacer que el principio ceda paso a la necesidad, hasta que por ley invariable del Progreso preparen el camino para que el interés material y el mental marchen de consumo; en fin, que para que sea completamente dichoso, no ha de olvidarse que vive también por el corazón, y que ha creado música, la poesía y todas las bellas artes, porque es sensible; y que conviene fomentar el lujo que excita el ingenio a producir sus maravillas y pule las costumbres, dulcifica el trato, y nos vuelve más generosos, amantes y corteses. (VICENTE GONZÁLEZ CASTRO: LITURGIAS DEL GRADO 18).
 
En estos textos se expresa que la Igualdad Social, es la ley de la naturaleza, y debemos rehabilitar a toda prisa al proletariado. Yo…juro por mi honor guardar inviolable mis obligaciones, sostener el principio de “Igualdad Social”, y hacer cuanto pueda en lo humano por la rehabilitación de las clases proletarias y la abolición de todo fuero, privilegio y división fundada en la nobleza de la cuna, el oficio o la riqueza.
 
Estas Logias, de fuerte contenido anticlerical, contraponían al lema religioso de Fe, Esperanza y Caridad, el tríptico francés, que tendrá profunda presencia en la Revolución del 68, de Libertad, Igualdad y Fraternidad. El sistema establecía el predominio de la Razón sobre la Fe, la condición moral de la acción humana, estructuraba el Estado sobre la base republicana y democrática, establecía la división de poderes, desarrollaba una amplia crítica a la Iglesia que tenía por base el proyecto laico de la educación, el Estado y la sociedad, y se inculcaban las libertades individuales y colectivas. El centro de todas estas liturgias era el patriotismo popular. A la Patria, pues, debemos obligaciones muy sagradas y supongo que conocéis bien los deberes que con ella hemos contraído. Este patriotismo tiene especiales connotaciones en el juramento de iniciación: Podrá muy bien suceder que os encontréis en la ocasión de tener que pelear con las armas en la mano para defender la virtud, la inocencia, o la Patria, entonces será preciso no retroceder ni temblar. En otros juramentos se afirmaba: Guerra eterna a la intolerancia, el Oscurantismo, la Tiranía, a la explotación y ultraje del hombre por el hombre; Juro y prometo defender el bien público, tomar los oprimidos por hermanos y a los opresores por enemigos. (VICENTE GONZÁLEZ CASTRO: LITURGIAS DEL GRADO 18).
 
Los textos del GOCA fueron leídos y estudiados en toda la Isla secretamente, por los participantes en las Logias. En su lectura encontraron las bases éticas y políticas, la coherencia ideológica, que dio un fondo común a los “hombres del 68”. Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, Ignacio Agramante y Loynaz, Salvador Cisneros Betancourt, Antonio Maceo Grajales y Máximo Gómez Báez, entre otros, las conservaron a lo largo de sus vidas.
 
Para 1867 la situación revolucionaria había llegado a tal punto que en ese año se publicaban en Cuba más de 50 periódicos en los que según el gobierno colonial, predicaban descaradamente las doctrinas incendiarias.
 
El 14 de diciembre de 1862, regresó Serrano a España. Lo sucedía en el mando otro general de la Unión Liberal, Domingo Dulce Garay. El nuevo gobernador continuó la política de atracción iniciada por su antecesor. También contrajo matrimonio con otra acaudalada propietaria cubana, Elena Martín de Monterrey de Sotolongo, Condesa de Santovenia, cuya fortuna se calculaba en 16 millones de pesetas y era la principal accionista de la firma Gran Azucarera, propietaria de 12 ingenios.

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